No siempre Cupido está de nuestro lado, sean afortunados si están enamorados.
Les recomiendo como siempre, que pongan la canción y vivan con emoción estos versos que hoy les cuentan una historia llena de sensación.
El día de su compromiso recibió la noticia de su partida
soldado le hacían, era las arras de la agonía
ella desconsolada se despedía y le prometía
te esperaré por siempre vida mía.
A diario sus cartas de amor recibía
entre balas y metralla versos componía
con sangre rimaba su melancolía.
Ella, con lágrimas las leía
sudaban amor en cada línea
abundaban en frecuencia
su desconsuelo en música
ella componía, a su amado
con notas musicales, lo sentía,
con pasión tan adentro de su corazón.
Una bomba su casa derrumbó
sin nada se quedó, perdió hasta el buzón
pues el hambre mandó
y por desgracia a otro rincón se mudó.
Él, ajeno a esta desdicha
amagaba los días de guerra
con poesía, llena de esperanza,
algún día terminaría, y volverían
a enlazarse en besos soñados
durante estos años robados.
Terminó la guerra y no daba con ella
vio las ruinas de su casa y pensó,
penso que no volvería a verla.
Ella sin cartas y sin dinero,
perdida en una ciudad sin recuerdos
pensó también que él murió,
la guerra se perdió y a él se lo llevó.
Cincuenta años después
su música por fin triunfó
a él la letra no le fue mal
sus poemas eran adorados
por una generación de enamorados.
Una invitación a un concierto,
Isabel, daba su primera aparición
Miguel iría de telonero
su poemario fue el primero
de una estricta selección.
Ella entre bambalinas
daba sus últimos consejos
a jóvenes instrumentos
para que transmitieran sentimientos
de una vida larga y despiadada.
Él, comenzó con sus versos
entre poema y poema
lágrimas aplaudidas
valoraban su guerra, su perdida,
su melancolía, su vida.
Ella no escuchó, estaba detrás del telón
su concierto comenzó
entre llantos y pañuelos
con una gran ovación
a la vejez llegó la comprensión.
Todos los allí sentados
habían presenciado a Cupido,
pero éste andaba despistado
él y ella nunca jamás se encontraron.
Pasaron aún unos bellos años
pero la muerte llegó a su regazo
él y ella se fueron el mismo día
a la misma hora, en el mismo instante.
Él, aún tuvo tiempo de contar
en ese su último verso
cuanto había amado.
Ella, dejó un gran legado,
su música por siempre fue tierna.
La guerra los separó
la muerte los acercó
hoy están enterrados
cerca, lado con lado.
Dos manos brotan de la hierva
dos manos luchan por unirse
en días de lluvia y niebla
dos manos de mármol


