Levantó temprano como estaba acostumbrado
con las dianas floreadas ejercitaba su mente
a la vez que agilizaba y calentaba su cuerpo,
mente y cuerpo estaban sin duda preparados
era la hora de hacer la mejor carrera del mejor encierro.
Sin duda no sería este su primero pero si el último,
último encierro de su fiesta preferida
su sangre entusiasmada y excitada por el momento
sería esparcida por un toro en la calle del encierro.
Calle larga de largas carreras con astados,
noble afición que de pequeño aprendió
y de mayor practicó como el mejor corredor
hoy pensaba que haría la carrera de su día
el día que la muerte le corneó sin pasión
haciendo lo que más le gustaba y deseaba,
disfrutando bien preparado una tradición.
Sonó el cohete anunciador de astados bravos,
bravos astados en busca del callejón
comenzaba la carrera soñada, deseada,
se acerca ya la manada y su alma corre delante
y los astados le adelantan como si nada
su sangre está alborotada esta vez ella es brava
pero un toro rezagado en busca de un cabestro
con él se topó y desgraciadamente el cuerno le clavó,
le clavó sin avisar y a traición en el cuello su asta penetró.
Llegó la hora no deseada y nunca ejercitada
llegó el momento conocedor de esos riegos
ahora su sangre fluía pero sin alegría
no fue esta su carrera, no era su día soñado
él hubiera querido terminar gozoso el encierro ensayado.
Borbotones de sangre que nadie entendía
salían de su cuerpo yacido en el asfalto
perder la vida disfrutando y preparado,
nadie en ningún lugar quería jamás entenderlo
por no saber verdaderamente lo que es el encierro,
pero él sí lo entendía, llegó su día amargo,
ese toro rompió su ilusión sin darse cuenta
ascendía su alma a los chiqueros del cielo.
Hoy los mozos le recordaban con una oración
oración que pedía como siempre a San Fermín
que les guiase en un nuevo y apasionado encierro,
sin desgraciadas carreras hacia el cielo
con llegada limpia de los astados al ruedo.
Hoy este mozo muerto vio y vivió el encierro
lo hacía desde la barrera del cielo
con un capote de color rojo intenso
velaba por los preparados e ilusionados corredores,
corredores que como él no pueden nunca evitar,
evitar querer practicar y hacer realidad sus sueños
sueños de correr con los astados un encierro.
Los Sanfermines no serán lo mismo sin ti amigo,
la carrera dejó en su historia un corredor perdido,
un toro maldito con asta de asesino
la muerte te llevó al peor y último encierro de la vida
ese que muchos encuentran a diario sin desearlo.
Tu familia salió a dar una explicación
ya sabes amigo que los no entendidos no entienden,
no entienden nada sobre la pasión del corredor
que sabiamente tu hermana a los medios explicó
con verbo de recuerdo a un deportista nato
que realizó corriendo el encierro en la calle que quería
estando rodeado de astados de corte salvaje
cumpliendo noches de ensueño de largo invierno.
No, no, no eres para nada incomprendido
quién no te comprende es porque no quiere,
no quiere entender de pasión ni de sueños,
no tiene sangre de corredor como la tuya demostró
que aún estando bien preparada fue derramada,
derramada en desgraciada fatalidad de tu suerte.
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