Hoy no escribo desde casa, ya que estoy en un pequeño descanso laboral, pero tengo la oportunidad de publicar algo rápido para dedicárselo a mis hijos Jorge y Lucía.
Ante este amor sincero, su padre se quita el sombrero
la mamá sonríe llorando al infinito firmamento
ellos saben de verdad, a tan corta edad, qué es un te quiero,
algo difícil y fácil de mostrar cuando todo es un bello juego.
Pelearse es habitual, quererse es el no va más
ellos se pelean poco, ellos se quieren cada vez más
nosotros orgullosos les vemos como saben amar,
compartir, pelear, perdonar y jugar, ¿quién da más?,
cuando se tiene su edad la ternura no es un beso más,
es marcar la sinceridad de un amor que nunca se va.
Ahora soy yo el que sonríe llorando bajo el sol del verano
su mamá me dice susurrando al oído, ambos son igual de tiernos,
cuando surge otro beso que a ambos nos sabe a verso,
ellos son hermanos pero están de la vida enamorados
de sus vidas, de la familia, del colegio, de ser niños apasionados.
Nacieron de una gran pasión llena de amor huracanado
aprenden lo bueno y como no, lo menos deseado
pronto volverán a discutir y escucharemos un perdón,
un te quiero y a veces una sin razón de niñez tozuda
que sin lugar a dudas es lo más normal con su corta edad.
Nos ven sonreír y disfrutar con sus gestos de ternura
enseguida abrazan a su mamá diciendo tengo más,
tenemos más besos y te los vamos a dar ahora mamá,
su padre, el que cuenta esta historia, no aguanta más,
y los funde a los tres sin pudor en un abrazo sin igual
repartiendo besos en esos tiernos momentos
y dejando estos versos para la eternidad.


